AMANECER FINAL
. . . Y el agua pasaba abriéndose caminos hacia el alba . . .
* * *
Tu tenias frío . .
Yo te miraba
y me dejaba acariciar, soñando, por tus pestañas.
Poco a poco, en silencio,
se fue la madrugada y el día, el nuevo día de nuestras vidas,
se fue asomando por las montañas
que aún tenían bufanda de niebla . . .
* * *
Seguíamos juntos...
* * *
Te acariciaba
con manos insaciables
que marcaban en ti huellas de ternura.
Tu despertabas
y la primera flor de la alborada
( que es sonrisa de Dios por ser primera )
tomaba posesión de tu sonrisa
¡ Y se quedaba. . . ¡
Deslumbrando mis ojos,
la vida se asomaba,
rubia de sol, suave de rocío
y se encantaba adorando tu figura
aún adormilada
de diosa de otros cielos
que, al igual que en las viejas leyendas
se reencarnaba.
Tu eras Diosa y yo era solo un hombre . . .
Tu eras trino y yo voz silenciada . . .
Tu eras luz.. . Yo era solo tinieblas . . .
Tu eras viento mientras yo tiritaba.
¡Tu eras polvo de estrellas.. .
Yo arena pisoteada . . .
Tu eras el triunfo . . . Yo la derrota . . .
Tu una apoteosis de musas en mujer encarnadas . . .
Yo... un trágico arlequín de la Nada.
Yo entonces, consciente de tan bellos momentos,
Rogaba conseguir instantes de siglos
que perpetuaran
tu imagen a mi vera recostada.
Y Dios me concedió aquellos instantes
porque, tu imagen en mis ojos,
tu dulzura en mi boca,
tu ternura en mi alma fueron estímulos demasiado fuertes. . .
¡ Me estalló el corazón con dolores de infierno . . . ¡
Mi vida, escapada,
era el último homenaje
que mi pobre persona te brindaba.
. . . Y se me quedaron los ojos abiertos,
( mi muerte instantánea ),
y, por ellos, tu imagen y mi alma
se marcharon lejos, hacia las estrellas,
viajeros en sus mil reflejos
gozando de esta nueva libertad lograda...
* * *
Los sauces siguieron su llanto. .
¡ Y el agua pasaba . . . ¡
* * * * *
Cala Blanca, mayo 1991.
Segundo Premio del I Concurso Internacional de Poesía Amorosa del Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca, 4 de diciembre de 2002
DUDA
Estoy cruzando la laguna Estigia
de Tu tutela en singular olvido
y tengo el cuerpo herido . . .
Me está doliendo el aire de Tu desprecio . . .
Soy el eterno necio
que a Caronte, al fin, encomendó su alma . . .
Estoy en la travesía sin retorno,
abandonado y solo ante mi suerte,
abrazándome incluso con la muerte
para alcanzar la singular quimera
que me obligó a quererte
como se quiere a la ilusión primera . . .
Llegando estoy al otro lado de la Estigia
y empuñando el cruel remo está Caronte
acercándome al final de mi aventura . . .
Quiero llorar y están mis ojos secos
quiero soñar y debo estar despierto
para vivir-morir en el desierto
de mi desesperada singladura . . .
El alma se me escapa a su destierro
y una vez más quiero saber si existes,
saber si Tu has vivido . . .
Si me has precedido . . .
En mi triste final me atormenta la duda . . .
¡. . . . . Dios . . . Y no Te olvido . . . !
Primer Premio “Leonardo Cercós” 1998.
ROMANCE DEL TORERILLO
¡ Qué pena del torerillo
lo mató una vaca blanca . . . !
Se quedó quieto en la noche
mirando a la madrugada
que venía asustando toros
por lo alto de las tapias.
Se veía en traje de luces
a los pies de la Giralda
en una tarde abrileña
camino de una esperanza.
Atrás ha dejado el pueblo
y atrás ha quedado su alma
prisionera de una niña
que tiene la cara blanca,
los ojos como luceros
y una sonrisa perlada
que deja entrever sus dientes
tan blancos como de nácar.
Está la niña rezando . . .
porque una tarde soleada
en la lejana Sevilla
su novio salga a una Plaza,
que por ser tan singular
no es ni redonda ni llana . . .
Pero poco importa ello
porque es La Maestranza
el corazón de Sevilla
y la alegría de España
Se ha levantado muy pronto,
cuando clareada el alba
y perfilaba los cerros
con líneas de sutil plata
que más tarde serían de oro
cuando entrase la mañana
Quiere fundirse en la noche
para hurtarse a las miradas
de los vecinos que observan
curiosos tras sus ventanas.
Cuando corona las eras
y ve lejos la albarrada
que pone límite al campo
que pastan las reses bravas,
ve acercarse su destino
y crecer la madrugada
que con un silencio de oro
está alentando su hazaña.
Cantando están las alondras . . .
Ya hay humos en las majadas . . .
Ya soñolientos pastores
despiertan a sus piaras
y buscan guarida los lobos
para hurtarse de las balas
mortales de la escopeta
de los guardas.
Se va acercando al lindero
que pone en los campos tapia,
separando la dehesa
de las demás tierras llanas.
Va deprisa el torerillo
porque no sea la mañana,
con su nueva luz de oro
testigo de su escapada.
Sabe donde están los toros
cuatreños de la manada
y va buscando uno enorme
que le dijeron pastaba
por los bajíos del arroyo
que le brinda su agua mansa
y que corre tras las lomas,
escondido entre las jaras
donde berrean los ciervos
y los cochinos se encaman.
Va pensando el torerillo
aislarlo de la piara ;
llevarlo lejos, y, a solas,
cuando el toro se le arranque
ciego de sangre y de rabia,
hurtarle airoso su cuerpo
con una larga cambiada
que le demuestre al morlaco
que la lucha está igualada,
porque, tras su frágil cuerpo
y tras la muleta ajada
por mil ensoñados lances,
se esconde el arte de Cúchares
y su grandeza de alma . . .
Va soñando tardes de oro
en la singular Maestranza . . .
Ve los ojos de su niña
mientras mil mocitas guapas
le rocían con claveles
y le acunan con sus palmas.
Puede cortarse el silencio . . .
La hierba fresca, perlada
del manto sutil de rocío
que le dio la madrugada,
no permite que se escuchen
las decididas pisadas
que llevan al torerillo
a encontrarse con su hazaña.
Parece que allá a lo lejos,
con el lucero del alba,
se adivinan ya rosáceos
rosicleres de alborada
que apresuran al muchacho,
llevado de su esperanza,
a demostrarse a sí mismo
que tiene forjada el alma
para enfrentarse a la muerte
sin estremecerse . . .
Anda despacio el chiquillo . . .
Olfatea la mañana . . .
Detiene un momento el paso,
que ya los temibles toros
no pueden estar muy lejos
de donde ahora se halla . . .
Cree oírlos rumiando,
echados en la hondonada,
y pide que sea esa bruma
que disimula las ramas
de las añosas encinas,
su cómplice inesperada
que le permita ocultarse
hasta poder plantar cara
al toro de sus ensueños
y torearlo a sus anchas
sin que los guardas jurados
le persigan por su hombrada.
Silencio . . .
Sobre la loma cercana
una perdiz, encimada
sobre los riscos, saluda
a los luceros del alba
y manda un sermón de amores
a su hembra, que está echada
sobre un nidal de promesas,
que pronto serán bandada
de inquietos perdigoncillos,
buscando sobre las campas
los fugaces saltamontes,
delicias de su pitanza.
Nada hay que rompa la noche . . .
Nada hay que inquiete esta calma
que ya toma color de oro
sobre las cumbres lejanas . . .
Presintiendo que su suerte
le viene encima, descarga
su breve hatillo y despliega
sobre la hierba mojada
aquella vieja muleta,
testigo de mil hazañas,
tantas veces repetidas,
tantas veces recontadas,
que las sabe de memoria
y hasta siente en propias carnes
el dolor de las cornadas
que el que fuera su donante
recibiera en las mil plazas
donde cosechó los triunfos
que tanto rememoraba.
Ahora, el grácil torerillo
contiene alientos y el alma
se le pone en pie de guerra
y el cuerpo entero se alarma
porque ha escuchado rumores
entre las cercanas jaras.
Aún no se ve a lo lejos
y está cerca la vaguada
donde los toros, rumiando,
siempre esperan la mañana . . .
Ve moverse unas retamas
y cree cercano el lance . . .
Pero su instinto le engaña. . .
No es posible que aquél toro
que en duermevela soñara
haya mudado querencias
y dejado la piara
para esconderse en la noche
y perderse en la mañana.
El ruido es más cercano . . .
Tal parece que marcharan
todos los fantasmas juntos
escapando de los guardas.
Pero no puede ser cierto,
puede que haya sido el viento
o el vuelo de una becada
lo que ha alertado su instinto . . .
¡ Su toro está en la vagüada . . . !
Y continúa su camino
sorteando las aulagas
con la muletilla al hombro
cual si no pasara nada,
desoyendo las alertas
que ahora su instinto le manda.
Quiere buscar al cuatreño,
y en singular lid, cara a cara,
medirse con él las fuerzas
igual que hará un día en la plaza . . .
El día en que, ya torero,
le brindará a la muchacha
la muerte de este morlaco
que hoy se oculta tras las jaras,
mientras que la plaza entera
sea testigo de su hazaña
y se le rompan las manos
alentando su esperanza,
mientras que él, de grana y oro,
coreado de olés y palmas,
irá derecho a la muerte,
y el toro o él, poco importa,
dejen su vida en la plaza.
Así sueña el torerillo . . .
De pronto, una vaca blanca
que, estando recién parida,
se ha encamado en las retamas,
se le arranca por derecho
y le parte en dos la espalda
con una cornada seca
que también le parte el alma . . .
Nunca supo el torerillo
que la muerte le aguardaba
en el testuz cornigacho
de aquella maldita vaca,
que, para mayor tragedia,
tenía la capa blanca,
como la tienen las suizas
que pastan las tierras altas . . .
Que jamás cruzó su sangre
con las de la casta brava . . .
Que no tuvo otra intención
que proteger su camada . . .
Que jamás oyó de toros,
ni nunca pisó una plaza. . .
Los ojos del torerillo,
abiertos a la mañana,
expresaban su sorpresa
por su muerte inesperada,
por aquel maldito encuentro
y aquella maldita vaca
que creyó que el torerillo
le iba a robar su camada . . .
Expiraba el torerillo . . .
Tendido en la madrugada,
su sangre y las margaritas
del campo, en la fría mañana,
fueron tejiendo colores
para el traje de oro y grana
que soñó vestir un día
en la castiza Maestranza,
mientras que Sevilla entera
le entregaba entera el alma
envuelta en claveles rojos
y cantes por sevillanas . . .
¡ Qué pena del torerillo . . . !
¡ Lo mató una vaca blanca . . . !
* * *
Palma, noviembre de 1998.
2º Premio Poesía Taurina Ciudad de Valdepeñas
AMANECER FINAL
. . . Y el agua pasaba abriéndose caminos hacia el alba . . .
* * *
Tu tenias frío . .
Yo te miraba
y me dejaba acariciar, soñando, por tus pestañas.
Poco a poco, en silencio,
se fue la madrugada y el día, el nuevo día de nuestras vidas,
se fue asomando por las montañas
que aún tenían bufanda de niebla . . .
* * *
Seguíamos juntos...
* * *
Te acariciaba
con manos insaciables
que marcaban en ti huellas de ternura.
Tu despertabas
y la primera flor de la alborada
( que es sonrisa de Dios por ser primera )
tomaba posesión de tu sonrisa
¡ Y se quedaba. . . ¡
Deslumbrando mis ojos,
la vida se asomaba,
rubia de sol, suave de rocío
y se encantaba adorando tu figura
aún adormilada
de diosa de otros cielos
que, al igual que en las viejas leyendas
se reencarnaba.
Tu eras Diosa y yo era solo un hombre . . .
Tu eras trino y yo voz silenciada . . .
Tu eras luz.. . Yo era solo tinieblas . . .
Tu eras viento mientras yo tiritaba.
¡Tu eras polvo de estrellas.. .
Yo arena pisoteada . . .
Tu eras el triunfo . . . Yo la derrota . . .
Tu una apoteosis de musas en mujer encarnadas . . .
Yo... un trágico arlequín de la Nada.
Yo entonces, consciente de tan bellos momentos,
Rogaba conseguir instantes de siglos
que perpetuaran
tu imagen a mi vera recostada.
Y Dios me concedió aquellos instantes
porque, tu imagen en mis ojos,
tu dulzura en mi boca,
tu ternura en mi alma fueron estímulos demasiado fuertes. . .
¡ Me estalló el corazón con dolores de infierno . . . ¡
Mi vida, escapada,
era el último homenaje
que mi pobre persona te brindaba.
. . . Y se me quedaron los ojos abiertos,
( mi muerte instantánea ),
y, por ellos, tu imagen y mi alma
se marcharon lejos, hacia las estrellas,
viajeros en sus mil reflejos
gozando de esta nueva libertad lograda...
* * *
Los sauces siguieron su llanto. .
¡ Y el agua pasaba . . . ¡
* * * * *
Cala Blanca, mayo 1991.
Segundo Premio del I Concurso Internacional de Poesía Amorosa del Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca, 4 de diciembre de 2002
CONSEJOS
Líbrate pescador de los vientos de poniente,
de la fuerza que bate las olas
y las revienta en espuma blanca
sobre el acantilado . . .
Estás indefenso, pescador . . .
Están muy marchitas tus fuerzas juveniles,
muy curvadas tus manos,
muy frágil tu espalda
y muy cansada ya tu mente, otrora activa,
de tanto predecir las tempestades
y de tanto capear las no previstas . . .
Guárdate pescador del agua mansa
que mece con vaivén voluptuoso
tu frágil barquilla,
porque en su entraña guarda el mar de fondo
que recogió en aguas muy lejanas
y que te acerca poco a poco a las rompientes
Debes vivir en paz, pescador,
hallar reposo para tu vieja espalda
y poner, finalmente, las caricias por tarea
a tus callosas manos . . .
¡ Descansa, pescador . . . !
¡ Desembarca, por fin, en la otra orilla . . .!
Premio “ Reina Amalia de Poesía “ 1998.
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